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La dictadura (del latín dictatūra) es una forma de gobierno en la cual el poder se concentra en torno a la figura de un solo individuo (dictador) o élite, generalmente a través de la consolidación de un gobierno de facto, que se caracteriza por una ausencia de división de poderes, una propensión a ejercitar arbitrariamente el mando en beneficio de la minoría que la apoya, la independencia del gobierno respecto a la presencia o no de consentimiento por parte de cualquiera de los gobernados, y la imposibilidad de que a través de un procedimiento institucionalizado la oposición llegue al poder.






El concepto de izquierda política es una clasificación sobre las posiciones políticas que agrupa a éstas que tienen como punto central la defensa de la igualdad social, frente a la derecha política que considera las diferencias sociales como algo inevitable, normal o natural. La izquierda política se divide en una multitud de ramas ideológicas.
El término izquierda política, como el de derecha política, tiene su origen histórico en la votación que tuvo lugar el 11 de septiembre de 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la Revolución francesa en la que se discutía la propuesta de un artículo de la nueva Constitución en la que se establecía el veto absoluto del rey a las leyes aprobadas por la futura Asamblea Legislativa. Los diputados que estaban a favor de la propuesta, que suponía el mantenimiento de hecho del poder absoluto del monarca, se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea. Los que estaban en contra, y defendían que el rey sólo tuviera derecho a un veto suspensivo y limitado en el tiempo poniendo por tanto la soberanía nacional por encima de la autoridad real, se situaron a la izquierda del presidente. Así el término "izquierda" quedó asociado a las opciones políticas que propugnaban el cambio político y social, mientras que el término "derecha" quedó asociado a las que se oponían a dichos cambios.
Normalmente con respecto a las posiciones de la izquierda, y en defensa de sus postulados, desde la derecha se suele usar de forma beligerante el discurso de “nosotros o el caos”, o "el que viene el lobo" con el fin de meter el miedo a la indecisión de los votantes, como se  ha visto en pasadas elecciones.

Se ha aducido que la centroderecha en Occidente encuadra esencialmente el conservadurismo laico o secular, además de algunas corrientes del liberalismo y del democristianismo. El electorado esencial lo componen todas las clases. Este sector generalmente percibe el rol del estado no sólo como garante del orden, sino también como garante de última instancia en materias de bienestar social (ver, por ejemplo, Escuela de Friburgo). Al mismo tiempo partidarios de este punto de vista enfatizan las cualidades éticas que los individuos deben poseer a fin de participar plena y fructuosamente en la vida económica, política y social de una nación. Por ejemplo, responsabilidad tanto personal como social. 

Se ha usado el calificativo "centroderecha" o su sinónimo "derecha moderada" para diferenciar este sector de las denominadas derechas radicales, ultraderecha o de extrema derecha. Mientras la centroderecha o derecha moderada está comprometida con la democracia y con el Estado de Derecho, que encuentra sus orígenes en el liberalismo clásico; y, por lo tanto, está dispuesta a aceptar algunos compromisos o consensos. La derecha "dura" encuentra difícil transigir en algunas posiciones "de principios" (como el caso de la derecha conservadora en asuntos de religión o legalidad, o para la derecha liberal con cuestiones de intervención o participación excesiva del Estado en la vida particular y económica de los ciudadanos).

En el caso de coaliciones electorales o parlamentarias, la centro-derecha identificaría al conjunto de formaciones de centro y derecha.


El centro-derecha o centroderecha comprende, desde la ciencia política, a las personas u organizaciones que comparten ideologías de derecha y del centro o un intermedio entre ambas. En la práctica política el término es generalmente usado en varios sentidos. Por ejemplo, se ha aplicado a la alianza ocasional de sectores políticos de centro y de derecha. Aquí se entenderá como se ha delineado al principio.

En los países occidentales, tradicionalmente han sido, y son, las formaciones de extrema derecha las que alimentan y promueven el sentimiento de xenofobia, (rechazo y/u odio al extranjero) existiendo en la actualidad una creciente preocupación por el rebrote de estas formaciones y de estas actitudes debido al creciente fenómeno inmigratorio, los conflictos interculturales derivados de su mala gestión y la crisis económica.

Al margen de su consideración ética, la xenofobia también es un delito. Numerosos Estados tienen tipificadas como delito las conductas racistas y xenófobas. La Comunidad Europea aprobó, en septiembre de 2008, una ley contra el racismo y la xenofobia, teniendo los países miembros un plazo de dos años para adaptar sus legislaciones a esta ley.2
Según algunas corrientes de la psicología se puede deducir que la xenofobia es un continuum ambivalente en el que los casos más extremos experimentan un sesgo en su percepción que les haría sobrevalorar su cultura, sus tradiciones y su grupo étnico sobre las demás, experimentando una mayor empatía, aprecio y amor por lo conocido y familiar, lo que implicaría, despliegue de estrategias defensivas.


Se conoce como derecha al segmento del espectro político que acepta las diferencias sociales como algo inevitable, natural o normal frente a la izquierda, que persigue la igualdad de la sociedad. No existe una definición estricta de derecha aunque dadas un conjunto de dicotomías como el individualismo frente a colectivismo, confesionalidad frente a laicismo, propiedad privada frente a propiedad pública de ciertas actividades económicas, igualdad de oportunidades frente a igualdad de resultados, tradicionalismo frente a reformismo social, conservadurismo frente a progresismo, la derecha se decanta estadísticamente por las primeras componentes de cada una de ellas en mayor proporción que la izquierda. Actualmente, el discurso político de la mayor parte de fuerzas de derecha habla favorablemente de la riqueza a través de la libre competitividad.